viernes, 11 de noviembre de 2011

La crisis del euro altera la campaña de Rajoy, pero no la de Rubalcaba #GlobalrEvolution #diseloaEspe #15M #spanishrevolution #nolesvotes #democraciarealya

Un alto funcionario del Gobierno advirtió, poco antes de arrancar la campaña electoral, a un interlocutor de confianza del PP: “Puede pasar cualquier cosa de aquí a las elecciones”. Y ese cualquier cosa se ha hecho finalmente realidad, con Italia noqueada, voces reclamando una UE a dos velocidades y España en la picota. Ante este escenario, no es de extrañar la preocupación de Mariano Rajoy, que en el ecuador de la petitoria del voto se afanó en transmitir un mensaje de confianza. La crisis del euro irrumpió con fuerza en la caravana popular, centrándola de lleno. De hecho, de la agenda de Rajoy incluso desapareció un paseo por las Palmas de Gran Canaria; el líder de los populares estuvo más pendiente de las llamadas de teléfono y las reuniones con los suyos. Del otro lado, sólo hubo más de lo mismo. Para Alfredo Pérez Rubalcaba, lo importante hoy era el medio ambiente y, como no, criticar a Rajoy, informa Ketty Garat. “Al PP le gusta más el uranio radiactivo; a nosotros, el aire y el sol”, espetó el candidato socialista, en Menorca. Su mayor preocupación, cargar contra José María Aznar por retratar la difícil situación española. Mientras, el candidato popular ya no piensa en el corto plazo, en la campaña, sino en el día después a las urnas; pues tiene más que interiorizado que él será el encargado de lidiar con una res hoy fuera de todo control. Y de ahí que sus gestiones se centraran en dos áreas, una interna y otra de cara a la galería. Ambas de igual importancia. Por un lado, y a través de los cauces habituales, transmitió a sus aliados “tradicionales” de la Unión que España “es un gran país y saldrá adelante”. Además, les recordó la cercanía de las elecciones generales e hizo de ellas todo un punto de inflexión. En voz de un asesor, “no es lo único importante, pero es decisivo para emprender la senda de la recuperación”. Una vez hizo el trabajo de despacho, salió ante las cámaras. Y lo hizo no en clave electoral, sino en formato presidencial. Su mensaje no estuvo dirigido ni a su rival en las urnas ni tampoco al Gobierno, sino a la Unión Europea. Lo hizo primero en Tenerife, en un acto que parecía institucional, y después en Gran Canaria, ya con algo más de calor mitinero. Su objetivo: aguantar el trago hasta el 20-N. Lo primero que hizo el líder del PP, alineado con la casi totalidad de potencias europeas, fue rechazar de plano una comunidad a dos velocidades: “Apostamos por el euro fuerte en una Europa fuerte, tal y como está diseñada en estos momentos”, zanjó. Rajoy admitió “momentos de convulsión” y “noticias muy preocupantes”, pero miró al pasado para engrandecer los esfuerzos que hizo el país para entrar en el euro e insistir en que, de nuevo, España dará la talla. “Ahora no hemos hecho las cosas bien, pero también hay elecciones, y si nos dan la confianza, garantizo que somos un Gobierno serio y que cumpliremos los compromisos”, sentenció. En un redoble de contundencia, el presidente del PP asumió como propias las obligaciones impuestas por la UE enumerando lo que necesariamente tiene que cambiar -déficit público, reformas económicas, buena gestión...-, y se guardó para el final toda una declaración de intenciones. Y no prometió algo que,a priori sea fácil de cumplir: “España va a salir adelante y va a estar a la cabeza del euro y con los países más importantes”, solemnizó. Extremo, matizó, que hará no sin defender con dientes afilados los intereses patrios, como en el marco agrícola en general -de ahí que insistiera en que recuperará el ministerio del ramo- y en la elaboración de la PAR en particular. En su primer acto, apenas tuvo tiempo de quejarse de la “herencia envenenada” que deja el Ejecutivo socialista. En el segundo sí que lo hizo, aunque tampoco en exceso; rechazó “la literatura de la mala de los socialistas”. En el PP admiten su preocupación por la situación. En las altas esferas aseguran que “la campaña ha pasado a un segundo plano”, entre otras cosas porque la dan por solventada. Lo que de verdad le preocupa Rajoy es “la llegada del huracán”.

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