sábado, 18 de febrero de 2012

Se acabó el miedo Rajoy #15M #spanishrevolution #democraciarealya #1Persona1Voto #nolesvotes #RenovablesOFF #19FTomaLaCalle


Se suele decir que lo que más miedo provoca a los opresores es que los oprimidos pierdan el miedo. Y eso es precisamente lo que está sucediendo en este país, donde se ha llegado a un punto en que hasta los niños y niñas de 14 años hacen frente a la imposición por la fuerza de unos recortes en Educación que en un país culto y democrático podrían ser calificados hasta de “criminales”.
Las calles de cada vez más ciudades y pueblos de España empiezan a convertirse en un verdadero hervidero de quienes empiezan a sufrir en carne propia las consecuencias de una crisis creada y sostenida de manera deliberada para justificar el desmantelamiento total y absoluto de lo poco que queda de propiedad pública en nuestro país.
Ver a cientos de adolescentes cogidos de los brazos, unidos, sosteniéndose y apoyándose unos a otros mientras a unos metros un desproporcionado número de antidisturbios armados hasta los dientes y protegidos por decenas de furgonetas blindadas se disponían a machacarlos dice mucho de la situación de un país, de la miseria de un régimen y de la valía de una generación que está floreciendo en las condiciones más difíciles, y que aún sufrirá la más brutal represión que ha conocido este país desde la dictadura.
Ver como las calles de toda España empiezan a convertirse en un auténtico hervidero de reivindicaciones por lo público – por lo de todos aunque haya quien aún no lo quiera entender – parece ser la luz al final del túnel que la sociedad española viene atravesando desde hace décadas, y a la que aún le queda un buen trecho por recorrer antes de abandonar la oscuridad que nos han impuesto y nos siguen imponiendo políticos miserables, banqueros criminales e instituciones financieras internacionales despreciables.
Y esa luz al final del túnel no es otra que la del fin del miedo. El miedo, ese monstruo implacable que nos encierra en casa, que nos cierra la boca y nos atenaza los músculos. Pero el fin del miedo empieza a apoderarse de jóvenes y viejos; de hombres y mujeres, de estudiantes, profesores, médicos, ingenieros, escritores, poetas, y se contagia más rápido incluso que el propio miedo.
Se acabó el callar, se acabó el esconderse, se acabó el miedo

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