jueves, 15 de marzo de 2012

LOS NIÑOS ESMERALDA DE COLOMBIA #GlobalrEvolution #noalosrecortesdeRajoy #15M #spanishrevolution #nolesvotes



Desde tiempos que nos retrotraen a la época de los primeros clanes tribales los infantes han venido colaborando con la familia en pequeños trabajos de apoyo, repartidos en función de su edad y posibilidades. Después de la industrialización, con la aparición de la institución de la enseñanza obligatoria,  esos niños y niñas fueron abandonando progresivamente tal obligación. Así hemos llegado a una situación relativamente reciente, pues todavía encontramos a niños obreros en las colonias textiles de principios del siglo XX en Cataluña.
En países tercermundistas, los infantes continúan colaborando en muchas ocasiones en las tareas propias de los adultos, ya sea en la agricultura o la minería, por citar alguno de los sectores en donde su presencia es todavía muy nutrida.
Desde este blog, que pronto cumplirá tres años, siempre he mirado con especial ternura a estos niños y niñas trabajadores, a los que en muchas ocasiones se les priva de una infancia despreocupada y feliz. Algo a lo que creo deberían tener derecho –como así lo reconocen ciertas regulaciones de la ONU-, tanto como al respeto a la salud, o la vida en el peor de los casos. Creo que es una responsabilidad de todos, diría de la humanidad entera, ofrecer a estos pequeños infantes ese espacio mágico e irrepetible que es la infancia. Y que pasa volando. Por eso, siempre me vais a encontrar denunciando sin descanso todos aquellos abusos de los que tenga noticia.
En esta ocasión, la queja me llega de la voz de Lenin Cardozo, un ingeniero, escritor y ambientalista venezolano del que aún no he publicado ningún artículo en esta web. Hace ya tiempo que viene ofreciéndonos sus escritos y espero  ofreceros en el futuro algunos de los más interesantes, como lo es para mí el siguiente.

Un ecologista en El Bierzo.

Los niños esmeraldas de Colombia, por Lenin Cardozo.
Alrededor de 10 mil niños entre 10 a 15 años de edad trabajan filtrando con pala y tamices las sobras y desechos de piedras y lodo provenientes de las mimas de esmeraldas en el municipio de Muzo, a 90 kilómetros al norte de Bogotá, en Colombia. El trabajo consiste en buscar minúsculas esmeraldas o polvo de ellas escapado del filtro de la mina. Son piedras de un intenso verde, consideradas por los gemólogos como las de mayor calidad del mundo.  También utilizan a los  niños para picar en túneles demasiado angostos.
La vida en ese municipio gira  alrededor de la explotación de esmeraldas y para esa comunidad minera “cada uno practica la minería donde quiere sin apoyarse en la comunidad”; “cada uno trabaja por su cuenta sin depender de otras familias o asociarse con ellas”. Y por supuesto son los propios padres quienes inducen a sus hijos, aun bien menores, a la faena de la extracción de la esmeralda.  Convirtiéndose así, en una de las localidades de ese país con mayor índice de  población analfabeta.  El estimulo a la escuela simplemente no existe. Así mismo, pobreza y hacinamiento es el común denominador en Muzo (promedio 10 personas por cuarto). Donde el abuso sexual entre hermanos, o de padres a hijos, está a la orden del día.
La explotación de esmeraldas exige a los niños y niñas un gran esfuerzo físico y los somete a diferentes riesgos que ponen en peligro su integridad física (al  exponerlos a temperaturas extremas, ruidos o vibraciones permanentes, olores tóxicos o la presencia de polvo en el ambiente, picaduras de insectos y/o mordeduras de animales) e igual los impacta psicológicamente. Lo que evidencia una violación a sus derechos humanos por ser menores de edad.
En Colombia, los niños y niñas mineras de ese municipio baten record en enfermedades respiratorias. Es la localidad con el más alto número de menores enfermos.
Pocas oportunidades hay para esos niños.  Allí quienes definen su porvenir son la codicia, la ignorancia, la impunidad, los intereses y la complicidad colectiva  de los habitantes de Muzo.
Cuando veamos un zarcillo, collar o anillo con esmeraldas, tratemos de observar bien esas piezas. Seguro que en su parte más densa, más íntima de esa piedra, descubriremos la silueta del rostro de uno de esos niños que se quedó sin futuro.
Un artículo de Lenin Cardozo. ANCA24.

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