lunes, 16 de abril de 2012

Berlín ignora la interrelación profunda de la eurocrisis, que une a la banca alemana con la criminal fantasía inmobiliaria española #GlobalrEvolution #noalosrecortesdeRajoy #15M #spanishrevolution #nolesvotes


Alemania inventó la peligrosa leyenda populista de un centro virtuoso y una periferia manirrota, que amenaza directamente la cohesión europea.
A diferencia de un Nicolas Sarkozy –en trance electoral–, de Mario Monti, incluso de Vladímir Putin, la canciller Angela Merkel y su gobierno no critican estos días la España de Rajoy. Al revés, la defienden y subrayan que “es lamentable que los mercados no recompensen los enormes esfuerzos de reforma de España”, decía el miércoles el Ministerio de Finanzas. Merkel no quiere ni pensar en un escenario de intervención para España e incluso lanza algunos cabos caritativos para acoger en Alemania a algunos parados españoles cualificados.
Los Sarkozy, Monti y Putin no determinan la política europea, Alemania sí. Ella es autora principal de la receta de salida de la eurocrisis, centrada en una austeridad, de momento única y unilateral, que condena a España y otros países de la periferia europea a una segura miseria. El daño de Berlín es mucho peor, porque sus palabras de aliento son envoltorio del gran despropósito económico europeo.
Berlín ignora la interrelación profunda de la eurocrisis, que une a la banca alemana con la criminal fantasía inmobiliaria española. Los desequilibrios internos, que con el euro profundizaron la división entre un Norte industrial y un Sur de servicios y turismo, cuya especulación inmobiliaria se financió en gran parte con los capitales resultantes del superávit exportador del Norte, no existen como factor. En su lugar Alemania inventó la peligrosa leyenda populista de un centro virtuoso y una periferia manirrota, que amenaza directamente la cohesión europea.
Mientras tanto, Berlín financia su deuda a precios de risa gracias a la desgracia ajena: el miércoles emitió un bono a diez años a un interés del 1,7%, nuevo récord, mientras Italia vendía su bono a un año a casi un 3%. Con la mitad de la energía que ha puesto en el pacto fiscal dedicada a una reforma del papel del BCE, viviríamos en otro mundo. Pero Alemania se opone. La palmadita alemana en la espalda española es, por todo ello, anecdótica.

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