martes, 17 de abril de 2012

¿Puede sobrevivir la Corona a este ejercicio continuado de imprudencia? #GlobalrEvolution #15M #spanishrevolution #democraciarealya


Nunca se pensó que la Corona era insumergible. Su fragilidad se conoce por sus orígenes. No tiene compartimentos estancos en su estructura. Cada movimiento del Rey y su familia debiera ser un remache en su línea de flotación: hacen falta todos y aún así nada es insumergible. Y lleva tiempo la Corona chocando con todos lo icebergs que encuentra en su camino.
La vía de agua augura el hundimiento sin plazo fijo. El vacío tiene una atracción irresistible. Se puede hacer equilibrio en un bordillo pero no en una repisa a quinientos metros. La misma superficie de apoyo, según la altura, augura el batacazo. Y España, y la Monarquía, están en el alero.
Esta semana ha sido demoledora para la imagen de España en el mundo y la prensa internacional se ha hecho eco. La popularidad de Rajoy está bajo mínimos y los españoles le han retirado su confianza. El Partido Popular, en poco más de cien días en el Gobierno, ha perdido más de seis puntos en intención de voto. Bien es verdad que el PSOE no se recupera. Los mercados, el FMI y las instituciones europeas desconfían de Rajoy y de su política. Y, para rematar el diagnostico, el Rey se escapa a cazar sin que se sepa de su paradero hasta que le estalló la cadera en un campamento de caza. De elefantes, ni más ni menos. En un lejano país del África central que por no tener no tiene ni embajada de España.
El despropósito se remata con el conocimiento de profundas fracturas en el seno de la Familia Real.
¿Tan preocupado está el Rey por los problemas de España que se relaja disparando a una de las especies más protegidas del mundo? Las redes hierven de indignación ante la falta de ejemplaridad del rey y su familia. ¿Puede sobrevivir la Corona a este ejercicio continuado de imprudencia?
La crisis abarca todos los sectores de la vida pública. Pobreza, inseguridad jurídica para conservar el empleo. Caída libre de los mercados y un profundo pesimismo envolvente.
No encuentro recetas para frenar este hundimiento. Tal vez la catarsis exija buscar los restos del naufragio a cinco millas de profundidad. Para que la vida española pueda ser navegable de nuevo.
El liderazgo exige ejemplaridad para que la eficacia exigible tenga crédito. No es momento para tirar la toalla sino para empujar del carro. Pero lo que hay que hay que arrastrar es tan pesado que nadie se puede hacer el remolón. Los ejecutivos del IBEX no se cortan un pelo en sus retribuciones. Los coches de lujo siguen batiendo récords de ventas. La corrupción deja una huella imborrable. Y el Rey caza elefantes. O se ponen todos las pilas o el estallido social será imparable. La ira de los pueblos, cuando se desata, nunca se sabe a donde conducirá. Y la caldera del barco está a punto de estallar.
Sin dudas el estallido social puede ser incalculable, los ciudadanos estamos hartos de tanto pancismo de vividores, y granujas que viven de los presupuestos generales del estado.
Y es que en el fondo también somos un pueblo conformista carente del sentido solidario que debe impregnar los valores más esenciales y colectivos de una nación y de un destino común.Nuestro sistema democrático y constitucional, nació viciado, con una transición vigilada por el miedo a las insensibilidades democráticas de los militares del anterior régimen y de todo el aparato franquista que se perpetuo en la figura del rey.
Es pues una monarquía impuesta sin más, por el régimen más reaccionario y criminal de la historia de España. Con el agravante de haber sido colada en el texto constitucional antes el conformismos de una ciudadanía, que sabiéndose engañada, no tuvo más opción que apoyar un texto que atentaba los más sagrado. Ningunear a los ciudadanos mediante referéndum la determinación para elegir el modelo de Estado. Lo esperpéntico, es que encima nos vendieron que nuestra transición de un sistema dictatorial a la democracia, fue modélico.
La casa real, es pues, un nido de despropósitos, cuyo máximo exponente es la ancestral dinastía borbónica, con un rey que ni reina ni gobierna. Es meramente una Institución frívola, costosa, e hipócritamente al servicio de los que la babean y la adulan por intereses y beneficios sin escrúpulos y espurios.
Y callados, muy calladitos están los denominados seguidores o simpatizantes monárquicos, ahora escondidos como las ratas de cloacas, engordadas bajo los cimientos del Estado. Somos pues representados, por una tiranía disfrazada y revestida de apariencia seudodemocrática, que junto a otras instituciones, han sido siempre, los enemigos del pueblo, las libertades y de los anhelos de los ciudadanos, por programar su propio destino .


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