domingo, 6 de mayo de 2012

Movimiento 15-M: Análisis de un año en la calle #GlobalrEvolution #15M #spanishrevolution #democraciarealya #1Persona1Voto #nolesvotes



Análisis básico del 15-M, éxitos y fracasos. ¿Adonde hemos llegado, y hasta donde llegaremos? ¿Es probable que las fórmulas del 15-M estén basadas en antiguas luchas del movimiento obrero español?
En vísperas del 12 de Mayo, y cuando está apunto de cumplirse el primer año de vida de este movimiento social, no podíamos obviar hacer un repaso sobre el devenir de este nuevo activismo que vuelve a surgir a lo largo del Estado. En un fenómeno de crisis económica tan fuerte, las fuerzas combativas crecen, pero también se fortifica el control ideológico de los más poderosos para contrarrestar todo aquello que pueda perjudicarles. Actualmente, se podría decir que el 15-M recibe palos de todas partes. La derecha, con la ayuda de todos los periódicos encargados de reproducir el discurso oficial sin concesiones,  tratan de personificar el movimiento en jóvenes anti-trabajo y violentos rebeldes que buscan la alteración del orden público. Realmente, no es nada nuevo bajo el sol, pero tras diversas polémicas, la izquierda combativa y radical –en el sentido de que pretende el cambio radical del orden social, aquella que podemos considerar que no forma parte del aparato del Estado- ha comenzado a elevar su voz para criticar diversos casos que se están dando en el movimiento.
Por una parte, piden una cierta radicalización. Piensan que la Historia demuestra que sentarse en una plaza de forma pasiva y gritar consignas sirve de poco en un espacio de tiempo determinado, y que tarde o temprano hay que dar el paso hacia acciones de mayor rebeldía, al mismo tiempo que aumentan la miseria y el paro. Por otra parte, consideran ciertas bases del movimiento como erróneas, es decir, que no llevan a ninguna parte. De esta manera la lucha social se convierte en una tira y afloja entre las distintas ideologías y partidos políticos, que pugnan por conseguir el control del movimiento hacia su propio terreno. De ahí nace el fenómeno de la disidencia controlada, que defiende que la protesta ciudadana pacífica al Estado, pues al frenar la radicalización de las protestas se evita que la cosa vaya a mayores. No es caer en saco en roto, pues existen ciertos indicios que llevan a pensar este tipo de cosas. Hace poco, una especie de ``escisión´´ del movimiento se constituyó como asociación, y ciertos dirigentes de la iniciativa tienen algo sospechoso en su historial. José Cosin, un abogado y economista que ha impulsado la iniciativa, estudió en diversos colegios de pago, tanto en España como fuera. Fue candidato al ayuntamiento de Marbella en tiempos turbios y secretario de Política Municipal del PP en 2005.
Desde las bases del movimiento, el hecho de que personalidades de la derecha participen activamente en el corazón de las protestas tiene una cierta explicación. El 15-M es un movimiento apolítico, es decir, no se considera ni de izquierdas ni de derechas, apartidista y asindicalista. Sin embargo, tal argumento es una total falacia si echamos mano a sus cimientos teóricos más próximos. Un movimiento que pide la nacionalización de la banca, o la consecución de un Estado laico, son medidas que, tanto teórica como históricamente han sido de izquierdas.  La unión de los abajo contra los de arriba se llama lucha de clases, y ese joven que decide despertar y luchar contra el dirigente político malvado que decide robarle el sueño se llama conciencia de clase. Y todos y cada uno de estos elementos son necesarios, tanto en la teoría como en la práctica, para que un movimiento que lucha por los intereses de los más desfavorecidos triunfe.
No se puede ser apolítico, y menos en este tipo de situaciones, pues prácticamente todo lo que nos rodea es política. El desarrollo de la ciencia y el arte está influido por la situación económica y el sistema político bajo el que vivimos, y el Estado se empeña sin cesar en planificar nuestra vida al detalle. Aquel que se considera apolítico, acepta ser manipulado y llevado como un rebaño por el gobierno de turno. Está claro que no podemos depositar nuestras esperanzas en una figura de autoridad política, pues nadie puede ser capaz de solucionar nuestros problemas si no nos movemos para conseguirlo.  Desde el punto de vista de muchos, que podemos considerarnos políticamente despiertos y siempre en guardia contra los ataques que nos llueven desde arriba, nos resulta difícil mantenernos en actitud de pasotismo ante la manipulación que se ejerce, por ejemplo en medios de comunicación. Sentimos la necesidad de concienciar y orientar políticamente a aquellos que besan las manos de sus opresores.
Es probable que aquellos que plantaron la semilla que germinó en el movimiento ciudadano pensaran que resultaba más beneficioso, a la hora de captar un número más amplio de ciudadanos, considerar que el movimiento no estaba la izquierda del espectro político, porque además tal denominación –izquierda/derecha- se encuentra manipulada para beneficiar a la perpetuación del sistema. Y es que, tras este fenómeno curioso donde el flujo de capital se concentra en las manos de unos pocos poderosos que controlan todo a nuestro alrededor, la izquierda se encuentra más demonizada que nunca. Los medios de comunicación oficiales –como ya mencioné antes- no son partidarios en absoluto del cambio de las estructuras de poder, y ayudan con fervor a su manutención. El desmantelamiento de lo público provoca que todo se convierta en empresa privada, y como tal, su máximo objetivo sea el beneficio económico. Todo aquello que se salga del bipartidismo y la monarquía parlamentaria resulta satanizado, considerado extremo y contrario a los intereses del pueblo. Lo mismo ocurre con términos como ‘’lucha de clases’’, ‘’plusvalía’’, ‘’clase obrera’’, ‘’burguesía’’ y un sinfín de términos que han contribuido al discurso histórico de la izquierda.  Incluso llamar ‘’pueblo’’ a la masa ciudadana parece un anacronismo, en este tiempo donde todo aquello que no resulta beneficioso para el rico resulta obsoleto. No podemos negar que el mundo se divide en clases, y llamar a la clase obrera por su nombre es necesario para que el ciudadano sea capaz de identificarse en su bando. ¡Son ellos, precisamente, los que tienen que luchar para que ese término deje de ser considerado antiguo e infructuoso! Hemos terminado asistiendo a un total entierro de la Memoria Histórica, donde las luchas históricas del pueblo contra sus opresores han sido tapadas y reducidas a lo anecdótico. El español fue un pueblo combativo en otros tiempos, pero nadie parece conocerlo.
Al fin y al cabo, ¡Ellos no han inventado nada nuevo! Para aquel que conoce la difícil andadura de la clase obrera en lucha por sus derechos en nuestro país, el 15-M suena a un refrito difícil de digerir formado por chavales que no saben muy bien donde quieren terminar. La democracia asamblearia y participativa no es un nuevo invento, ni puede pretender reformar la lucha y crear nuevos conceptos. La autogestión, el apoyo mutuo y la solidaridad entre compañeros llevan siendo la bandera de muchísimas personas que forman parte de movimientos que, gracias a la acción de los medios españoles, han sido considerados obsoletos y de difícil funcionamiento. Movimientos que realmente tienen una base ideológica y dirección política, que dan respuestas para la emancipación de la clase obrera, y que podrían crecer y resurgir en estos tiempos difíciles y no terminan de hacerlo, engullidos por el auge del 15-M y la protesta ciudadana excesivamente pasiva y políticamente amorfa.
Esos jóvenes que temen un futuro sin paz ni trabajo parecen buscar algo que no terminan de encontrar, y puede que esto sea el control de los medios de producción, la auto gestión, el ajuste proporcional de los salarios por parte de los obreros, la libertad para vivir y no para esclavizar y ser esclavizados. Al fin y al cabo, un orden social que crezca desde abajo hacia arriba, y no desde arriba hacia abajo. En cualquier caso, hay una serie de puntos negativos que pueden amenazar su devenir. La falta de dirección política y base ideológica, que sea capaz de construir un fuerte bloque alternativo a la derecha, termina provocando que este sea susceptible  a todos los ataques que esta realice contra el movimiento. Además, hace que no solo esta sea capaz de infiltrarse en la protesta para conocer sus propuestas, si no  para intentar manipularlas y conducirlas hasta convertir el 15-M en una serie de demandas de escasa solvencia. Y en la pugna entre estas diferentes corrientes políticas, el germen revolucionario se pierda o su conformidad desaparezca. Es fácil que en una asamblea ciudadana, como las que hemos visto crecer de manera sorprendente e increíblemente positiva en las plazas de todo el país, intervengan varias personas que intenten manipular el consenso de aquellos que protestan.
Existen diversos aspectos de los que me gustaría hablar más adelante, atendiendo sobre todo a razones históricas. Pero es necesario analizar el cariz excesivamente pacífico en que tornan las peticiones ciudadanas. Aunque el gobierno –la derecha siempre cae en los errores más estúpidos- se encargue por sí solo de tomar como terroristas a aquellos que pacíficamente se sientan en una plaza y resisten a los golpes que reciben de los perros de presa del Estado,  no es suficiente. Hemos visto como a lo largo de un año la protesta ha sido positiva y significativa, pero sabemos que así no terminará de cuajar. Es curioso como muchos apelan a Gandhi para justificar este pacifismo, pero Gandhi no solo apelaba por sentarse en el suelo y esperar al desalojo: Él animaba a incumplir aquellas leyes que a los ojos de los intereses de los ciudadanos fueran injustas, a dejar de pagar impuestos y a negar a cualquier tipo de autoridad opresora. Pero esas son solo algunas ideas, existen mil actitudes que exigen una cierta valentía para desafiar al orden establecido, y que serían imparables de ser llevadas a cabo por una enorme masa social. Sin embargo, mi objetivo no es distraer al ciudadano que decide organizarse y protestar para que forme parte de un determinado signo político, o mostrar que el 15-M es perjudicial. Es un movimiento que se necesitaba urgentemente, y debemos valorar la manera en que ha sido capaz de despertar las conciencias de esos ciudadanos que reclaman más derechos, más democracia. El hecho de que miles de personas sean capaces de votar en una asamblea de manera participativa, y dar voz a aquellos ciudadanos y pequeños héroes del día a día, es admirable. Que personas mayores de 40, incluso llegando a los 70 años, salgan a un lugar público para debatir y manifestarse de forma activa es algo que nadie esperaba en un país adormecido por décadas de dictadura. No podemos olvidar la inmensa labor de los activistas a la hora de evitar los numerosos desahucios, y ese tipo de acciones han sido admirables, al igual que la protesta ciudadana contra la subida de las tarifas del metro saltándose los tornos. Las medidas patéticas y de carácter dictatorial tomadas por el gobierno han servido para mostrar al mundo el carácter que está tomando ese lejano modelo de democracia que añoramos, al igual que las prácticas represivas por parte de la Policía, que ha demostrado estar a sueldo de los poderosos. Las consignas y lemas del 15-M han servido para concienciar a la población y agitar la opinión pública a pesar de las manipulaciones mediáticas del día a día. Es un logro que un pueblo sumido en un profundo sueño social y político deje de pensar en pan y fútbol, o al menos que un número relevante de personas lo hagan. 
La participación e implicación en el movimiento de todos los ciudadanos es necesaria, y yo, como uno más, predico con el ejemplo, pero eso no debe ser motivo para dejar de hacer autocrítica o caer en el conformismo. 

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