viernes, 20 de julio de 2012

España, la Argentina europea, hacia un nuevo “año del hambre” #GlobalrEvolution #noalosrecortesdeRajoy #15M #spanishrevolution #nolesvotes


1.- Argentina, para hacer frente a la hiperinflación estableció en 1991 la paridad completa entre el peso y el dólar...
Si la medida era efectiva contra la inflación, impidió cualquier medida monetaria para ajustar la economía a las perturbaciones externas, tales como la apreciación del dólar. Los efectos inmediatos parecieron dar la r…azón al hampa gobernante en Argentina: Descenso de los tipos de interés, crecimiento económico hasta el 98, descenso de precios, aumento de la tasa de inversión… En España no se estableció la paridad peseta-dólar, sino algo peor. La soberanía monetaria se cedió en favor del Euro, una moneda que llegó a valer casi un dólar y medio. 
2.- En Argentina, desde principios de los 90 se dio libre circulación a los capitales: aumento de depósitos y créditos en dólares, libre entrada a la inversión directa y en cartera o financiera, eliminación de las barreras de entrada a los bancos extranjeros, libre emisión bancaria de títulos negociables en moneda extranjera, entrada sin limitaciones del capital extranjero en compañías de seguros, fondos de pensiones, etc, es decir, en el sector financiero… En España, estos mismos fenómenos estaban “constitucionalizados” por la pertenencia del país a la UE.
3.- En Argentina se procedió a la privatización masiva de todo el sector público. El efecto de estas subastas y remates, además determinadas por la corrupción institucionalizada y endémica, fue una inmediata subida de los ingresos públicos. Eso, exactamente, ocurrió en España. Las privatizaciones comenzadas por González y desde su origen marcadas por la corrupción (el caso Intelhorce puede ser el más paradigmático) Se hicieron sistemáticas y masivas con Aznar. El resultado fue un inmediato superávit de las cuentas públicas.
4.- Pero, en Argentina, la entrada masiva de capital extranjero provocó una revalorización del dólar desde mediados del 95 y, además, un aumento inmediato de la deuda externa puesto que la inversión directa fue mínima comparada con la inversión “en cartera”, es decir, en adquisición de bonos denominados en dólares y en préstamos bancarios. En otras palabras, no se trató de ninguna inversión productiva, sino de la expansión brutal del crédito utilizado como herramienta para aprovechar las privatizaciones, la almoneda pública. El saqueo del sector público argentino se hizo en atención al principio: “apúntamelo y ya te lo pagaré”. El dinero desapareció, pero la deuda no. En España, ese papel de inversión “a cuenta” y sin ninguna base productiva, lo ha jugado la construcción, intrínsecamente corrupta, pues toda ella dependía de la voluntad de los alcaldes y del control político del crédito a través de las Cajas de Ahorro. La construcción en España (recuérdese que se consumía más cemento que en todo el resto de la UE) ha sido, exactamente, lo que la “inversión extranjera” en Argentina: un círculo vicioso de créditos de ida y vuelta entre las constructoras y los compradores de vivienda sin ninguna garantía real que lo pudiera sostener. El resultado es que el endeudamiento del sector financiero durante la década ominosa del ladrillo, se convierte en deuda del Estado, una deuda tal que en el corto espacio de una legislatura, ha hecho que España pase del superávit a la quiebra.
5.- En Argentina, la apreciación del dólar provocó la inmediata pérdida de “competitividad”, es decir, la caída drástica de las exportaciones y de la capacidad para exportar. Idéntico papel tiene en España el Euro.
6.- En argentina, la apreciación del dólar empeoró gravemente el problema de la deuda externa provocado por la entrada de capitales, no reales, sino en forma de deuda que además se concentraban en bienes no comercializables; a lo que se añadía la inexistencia de un “prestamista de último recurso”. En España, la deuda está concentrada, casi de forma absoluta, en bienes no comercializables, es decir, en ladrillo y el “prestamista de último recurso”, el BCE actúa como combustible del problema en tanto que a quien presta es a bancos privados a interés mínimo los cuales utilizan esos fondos públicos para operaciones especulativas contra el Estado, es decir, forzando en las subastas de deuda pública el aumento de los tipos que el Estado ha de pagarles (reciben al 1% y prestan al 7%) Y esta situación se vuelve también endémica dado que los mayores titulares de la deuda son bancos españoles, esto es, una oligarquía financiera infiltrada, sin solución de continuidad, en las estructuras políticas estatales.
7.- En Argentina, las sucesivas ayudas del FMI fueron condicionadas a la reducción drástica del déficit público provocando el inevitable efecto del “self-defeating”, de la quiebra autoprovocada, ya que el recorte del gasto público acentuó la recesión, generando menos ingresos fiscales, más gasto público (más deuda, más intereses por la deuda e intereses más altos) y mayor déficit presupuestario: el perfecto círculo vicioso. En España está ocurriendo, de forma brutal lo mismo y el “self-defeating” se está acelerando exponencialmente en la misma medida en que la UE, para beneficio de Alemania, impone condiciones cada vez más draconianas a sus “ayudas”.
8.- El resultado en Argentina fue la quiebra del Estado y la hambruna extendiéndose por el país. En España, aún, estamos en el punto 7, dirigiéndonos, firmemente, a un nuevo “Año del Hambre”.
¿Qué hacer? Abandono del Euro; expropiación inmediata de bancos y compañías de seguros; condonación plena de la deuda pública mantenida con los bancos expropiados (más del 64% de la deuda pública del Estado); confiscación en concepto de responsabilidad civil extra delicto de los capitales y patrimonios personales de consejeros y presidentes de las entidades expropiadas; y confiscación sin resarcimiento de los capitales refugiados en SICAV y otros tinglados financieros.
Todas estas son medidas que pueden tomarse dentro de la legalidad constitucional. Si la expropiación de bancos sin justiprecio encontrara algún problema legal, bastará fijar dicho justiprecio en función del valor real de la entidad. Una entidad en quiebra es una entidad con valor igual a cero o negativo. No se trata, pues, de la revolución pero, aún así, IU retrocedería espantada ante una propuesta como esta. Una vez más, la catástrofe española trae causa de la absoluta miseria de la dirección obrera, pues nadie, salvo la clase obrera, puede sostener tales decisiones.

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