domingo, 26 de agosto de 2012

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SU FACTURACIÓN CAE HASTA OBLIGAR A ALGUNAS A CERRAR

Los recortes ponen a las farmacias contra las cuerdas


Los recortes ponen a las farmacias contra las cuerdas
Antes tener una farmacia en propiedad reportaba de media unos beneficios anuales limpios de 200.000 euros. Suficiente para llevar una vida desahogada, adquirir propiedades y reformar el negocio cada cierto tiempo. Pero las circunstancias han cambiado. El recorte de los márgenes de los medicamentos, la caída de la facturación por la aparición del copago y los impagos de las comunidades autónomas están provocando, por primera vez, que algunos boticarios hayan decidido desprenderse de sus licencias o, directamente, echar la persiana para siempre.
La peor situación se vive probablemente en la Comunidad Valenciana. La administración autonómica debe a los colegiados de esta comunidad el pago de medicamentos financiados por la sanidad pública correspondiente a cinco meses. En estos momentos, la liquidez de la Generalitat sólo alcanza para sufragar hasta la primera mitad de marzo.
Trabajar para el banco
La paralización de los ingresos procedentes del sector público combinado con el retraimiento del consumo y otros factores exclusivos de este sector están poniendo a las farmacias españolas al borde de la quiebra. “Vamos con el agua al cuello”, resume Juan de Dios Moscardó, vicesecretario del Colegio de Farmacéuticos de la Provincia de Valencia y propietario de su propia oficina en Picanya, un pueblo de 10.000 habitantes situado a unos cinco kilómetros de la capital del Turia. “En estos momentos, el beneficio de una farmacia no llega ni al 10% de lo que factura. Y eso en caso de que el local esté amortizado, no se haya reformado ni se esté pagando un traspaso de licencia o se hayan comprado ordenadores hace poco. En esos casos, se trabaja sólo para pagar los intereses del banco”, denuncia.
Lo cierto es que la ausencia de liquidez ha convertido a las entidades financieras en actrices forzosas en la obra de este sector venido a menos. Los colegios de farmacéuticos de toda España se están viendo obligados a contratar pólizas de crédito para cubrir los impagos de sus respectivas administraciones autonómicas. Los intereses de estos préstamos rondan entre el 4% y el 6%, pero en caso de generar un descubierto, el interés ha llegado a dispararse en la Comunidad Valenciana hasta por encima del 30%. “Y eso dando por hecho que alguien quiera dar crédito a una farmacia. Aquí nos apoyábamos en Bancaja, CAM y Banco de Valencia, pero las tres entidades están en quiebra y el resto de las grandes no se fía de la Comunidad Valenciana, que al final es la que nos paga”, explica Moscardó.
Rebajas de precios
A los retrasos públicos se suma la reducción de los márgenes, forzada por el Estado para tratar de frenar el gasto sanitario. El resultado son varios decretos que, además de multiplicar el papeleo que debe gestionar un farmacéutico, han reducido el precio de los medicamentos más utilizados en un 50%, sobre todo desde noviembre de 2011, disminuyendo en una proporción casi similar los ingresos de las boticas, al menos en el apartado de las referencias financiadas por el erario público.
El Proscar, por ejemplo, un medicamento común utilizado en las afecciones de la próstata, se vendía en 2009 por 17,47 euros (28 comprimidos de 5 miligramos). El mismo envase cuesta ahora 9,10 euros. La Atorvastatina, contra el colesterol, valía 32 euros en 2010 (28 comprimidos). Su precio ha bajado hasta los 9,41. Un antiagregante plaquetario como Plavix tenía un precio de 57,68 euros en 2010 (28 comprimidos de 75 miligramos), pero se despacha ahora por 21,04 euros. Y un antidrepesivo como Seroxat (56 comprimidos de 20 miligramos) en 2009 costaba 40,54 euros y ahora sólo 13,58.
Estos son sólo algunos ejemplos, pero la caída de precios, y por tanto de ingresos, es generalizada. En el último año, la facturación de las farmacias españolas ha caído de media un 15%. Y el descenso acumulado en los dos últimos ejercicios ronda el 25%. “Es cierto que somos un negocio que no tenemos que hacer publicidad para llegar a la gente pero con todo el papeleo que han introducido en el sector y con los impagos tener una farmacia ya no es rentable. Así de claro. Soy la cuarta generación de farmacéuticos de la familia y me gustaría que mis hijos siguieran con la tradición, pero ahora mismo no se lo recomiendo”, admite Juan de Dios.
Vacaciones de tres meses
La situación en Valencia es tan delicada que una tercera parte de las farmacias de la provincia ha solicitado este año el cierre por vacaciones en agosto. Y, en casos extremos, se ha llegado a solicitar hasta tres meses de cierre vacacional, el máximo que permite la ley. “La gente prefiere estar cerrada, porque hoy por hoy, estar abierto cuesta dinero. Mi farmacia está en un pueblo y conozco a todo el mundo. ¿Qué le voy a decir a la gente cuando me pide un producto caro que voy a tardar cinco meses en cobrar? ¿Que no se lo doy? Eso es imposible”, exclama.
La introducción del copago en los medicamentos ha asestado otro duro golpe a las farmacias. En la provincia de Valencia, el número de recetas dispensadas ha caído en los últimos 12 meses un 24%. Y en la vecina Región de Murcia, esta medida ha rebajado el gasto farmacéutico un 35%. Los médicos recetan menos medicamentos y los que hay disponibles son cada vez más baratos. Y además se está dando otro curioso fenómeno: que los propios pacientes están restringiendo la compra para evitarse el gasto que ahora les supone adquirir productos que hace no demasiado eran completamente gratuitos. Muchas de las recetas que salen de la consulta del médico nunca llegan a la botica.
El último real decreto que regula el sector se publicó este viernes en el BOE y entrará en vigor el próximo 1 de septiembre. En total, elimina de la lista de productos financiados por la sanidad pública más de 400 referencias, que en la actualidad representan aproximadamente un 15% del negocio total de los boticarios, un porcentaje que se esfumará en dos semanas.
Pedro Pérez regenta su propia farmacia en Murcia. Lleva 32 años en el negocio y, si no ocurre nada extraño, su hijo seguirá sus pasos. “La Comunidad Autónoma nos debía cinco meses por la recetas. Ahora nos debe tres y gracias a una póliza de crédito que hemos tenido que avalar nosotros mismos, porque los bancos no se fiaban del Gobierno regional”, relata Pedro. En Murcia llegó a plantearse el cierre de todas las oficinas hasta que no se saldara la deuda que la comunidad había contraído con ellas. “Esto antes era un buen negocio pero ahora ni por asomo. Y no sólo por las caídas de precios y por los impagos. Es que nos han metido tanta burocracia que ni siquiera ejerzo ya de farmacéutico. Me tiro todo el día contando esto”, afirma, mientras sujeta un taco de recetas. Las repasa para evitar el más mínimo error, por anecdótico que este sea, porque las administraciones autonómicas se han lanzado a devolver toda receta que presente la más mínima anomalía, un fenómeno que antes tampoco ocurría. Y las que regresan rechazadas suelen no cobrarse nunca.
Venta bajo pedido
Los retrasos en los pagos están forzando a reducir el stock. “Antes tenía 100.000 euros en productos almacenados pero ahora no supero los 20.000”, explica el vicesecretario de Colegio Oficial de la Provincia de Valencia. “Casi funciono bajo pedido. Anoto lo que necesita el cliente y le digo que vuelva en un rato a por el producto. Los 80.000 euros que me he quitado de encima me permiten tener algo más de liquidez. Y así me evito hacer frente a las devaluaciones que sufren las referencias cada vez que un real decreto baja su precio, algo que últimamente ocurre casi cada mes”.
El problema, añade por su parte Pedro Pérez, es que los grandes distribuidores se están viendo obligados a hacer lo mismo. “Tengo un montón de pedidos que me llegan con la leyenda de 'no disponible', porque a Hefame, Cofares y otros proveedores tampoco les interesa tener provisiones en sus almacenes”, cuenta este farmacéutico de Murcia. “Quién nos iba a decir que íbamos a tener problemas de abastecimiento”.
Préstamos financieros
En la provincia de Barcelona, donde la situación es igual de desesperada, el 70% de las farmacias ha tenido que pedir ya algún tipo de financiación para hacer frente a sus propios pagos, según datos proporcionados esta misma semana por su Colegio de Farmacéuticos de esta demarcación. “Tenemos incluso seis farmacias que han solicitado formalmente el cierre porque no podían afrontar sus deudas y no han conseguido financiación”, detalla Jordi Casas, vicetesorero del Colegio Oficial de Farmacéuticos de la Provincia de Barcelona. “Y hay otras 20 aproximadamente que han entrado en concurso de acreedores. Son cosas completamente nuevas para nosotros. Nunca habían ocurrido en este sector y la proyección en el corto plazo no es nada favorable, sin duda”.
Casas asegura que los mayores problemas los están sufriendo aquellos propietarios que han llegado recientemente a este mundillo. Los que llevan más tiempo tienen más opciones de contar con fondos de reserva y también de haber amortizado ya sus instalaciones, pero en el caso de los nuevos, a los problemas de liquidez y a la caída de los beneficios, hay que sumar las deudas hipotecarias que por lo general se han visto obligados a contraer para poder adquirir la licencia con la que operan.
Futuro incierto
¿El futuro? “Es una pregunta difícil”, responde el vicetesorero del Colegio Oficial de la Provincia de Barcelona. “Jamás se había puesto en duda la viabilidad de las farmacias por su utilidad pública. Esperamos que el retraso en los pagos sea algo coyuntural aunque suponemos que caminamos hacia algún tipo de reestructuración, pero no sabemos muy bien hacia cuál”.
Todas estas dificultades también han provocado una caída en el precio de los traspasos. Sus cifras siguen siendo astronómicas pero vuelan más bajo. Hasta hace unos años Farmaconsulting, una de las empresas españolas líderes en la intermediación de licencias de farmacias, recibía cada ejercicio unas 1.200 solicitudes de compra. Ese número ha caído en la actualidad hasta los 700 nuevos interesados en invertir en este negocio, un indicador de como la situación del sector “ha paralizado la demanda”, en palabras de Óscar del Pozo, su director financiero. “También ha aumentado el volumen de propietarios dispuestos a vender, probablemente no de forma exagerada, pero sí se aprecia que la crisis de este sector ha hecho que gente que se planteaba desprenderse de su licencia haya adelantado la decisión”, sostiene Del Pozo.
Caída de los traspasos
El precio de una farmacia se calcula en función de sus ingresos y un plazo de recuperación de la inversión que se fija habitualmente en 10 años. Es decir, una que ingrese 150.000 euros anuales en beneficios se venderá aproximadamente por 1,5 millones. “El problema es que la farmacia que antes ganaba 150.000 euros es muy probable que ahora no supere los 120.000, por lo que su precio habrá descendido hasta los 1,2 millones de euros. La variación es extrapolable a casi todo el territorio nacional, y hay que reconocer que refleja una caída muy importante”, apunta el director financiero de Farmaconsulting. “Incluso se ve como los vendedores están mucho más dispuestos a negociar que antes y al mismo tiempo como se han ampliado los plazos que tardan en cerrarse las operaciones”. No es extraño que en este contexto, los inversores se lo piensen tres veces antes de firmar las escrituras.
Otras fuentes del sector hablan de reducciones mucho más pronunciadas, de los 3 millones de euros a los 900.000, en un caso concreto, aunque cada transacción depende de las circunstancias particulares que la rodean. Las licencias de farmacias premium (situadas cerca de centros de salud o en barrios de lujo o zonas turísticas muy frecuentadas) y las rurales (ubicadas en pequeñas localidades que en ocasiones no superan los 300 habitantes), es decir, las que están en los dos extremos de la horquilla de precios, son las que más se han visto perjudicadas por la mala marcha del negocio.
Del Pozo cree que el futuro de las boticas pasa por una mejor gestión. “Los farmacéuticos estaban acostumbrados a dispensar medicamentos pero eso ya ha cambiado. Ahora hay que venderlo y quizá otros productos más que también interesen al cliente”, opina, aunque en la competencia es feroz en todas aquellas gamas cuya venta no está reservada en exclusiva a las farmacias. “Normalmente, una botica tipo ingresa el 80% de su dinero por las recetas, y el otro 20% por los productos de comercialización libre o de parafarmacia que también vende. Eso tiene que cambiar, aunque será difícil. Un buen gestor deberá lograr en el futuro que esos porcentajes se inviertan, porque el gasto público en medicamentos va a estar cada vez más restringido”.

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