miércoles, 29 de agosto de 2012

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La teología progresista de monseñor ZP

Por Pablo Molina

Como es bien sabido, el socialismo es una religión, con sus dogmas, sus profetas, su Decálogo y su Santa Inquisición para neutralizar las herejías. 
El socialismo es una religión, sí. Mártires no tiene, porque hasta la fecha ningún socialista ha accedido voluntariamente a experimentar en sus carnes las medidas que imponen a los demás; pero, salvando ese detalle, el socialismo es similar a la única religión verdadera, aunque, por el fanatismo atolondrado del que hacen gala, sus integrantes resultan más cercanos a los testigos de Jehová.
José Luis Rodríguez Zapatero, tras abandonar voluntariamente sus funciones de gobierno, parece aspirar al capelo cardenalicio de la sagrada congregación de ungidos progresistas, para lo cual esta semana decidió probar sus armas dialécticas en un debate público con el cardenal Cañizares sobre teología democrática, que ya es tener ganas de discutir.
Después de enmendar la plana al mismísimo Jesucristo con aquello de que la libertad nos hace verdaderos, que vendría a refutar el trascendental "La verdad nos hará libres", Zapatero ha arrojado una nueva luz sobre las esencias del sistema democrático al afirmar que democracia es conciencia.
La originalidad de la chorrada es inatacable, porque hasta la fecha ningún estudioso de las formas políticas había podido llegar a una conclusión que aprehendiera el concepto democrático de forma tan absurda. Teniendo en cuenta que los socialistas son incapaces de entender qué significa la democracia –les basta con identificarla con su propia agenda ideológica–, y que la conciencia es algo sobre lo que filósofos y neurólogos aún no se han puesto de acuerdo, juntar ambas nociones en una misma frase e identificarlas entre sí es un mérito añadido que no se puede escamotear al gran ZP.
La tosquedad analítica de los indignados, que quieren una democracia real, es decir, utópica y por tanto irrealizable, queda aún más de manifiesto con esta propuesta intelectual de Zapatero. La chorrada de ZP es muy notable, pero no cabe duda de que el personaje es capaz de dotar a sus paridas de una apariencia trascendente que las coloca muy por encima de los análisis a pie de porro que evacuan las asambleas del 15-M.
A Zapatero lo abuchearon en la universidad donde tuvo lugar este combate teológico-democrático. Mal hecho. Al hombre hay que dejarlo hablar porque se ríe uno mucho y, además, no se debe perjudicar su carrera hacia el cardenalato sociata. Quién sabe si, entre lo de "la Tierra es del viento", "ideología viene de idea lógica" y el recentísimo "democracia es conciencia", Zapatero consigue convertir a los intervencionistas de su partido en una especie de krausistas de nuevo cuño y dejan la política práctica para los que tienen algo más de confianza que ellos en la iniciativa privada y la libertad individual.
Conviene animar a Zapatero en esta nueva etapa de su vida; sus hallazgos filosóficos serán la envidia de muchos que querrán imitarle, por supuesto en vano. El hombre quiere ser un ungido progresista con capacidad para servir de oráculo a las nuevas generaciones socialistas, y eso es bueno para la Tierra, la ideología y la conciencia, los tres pilares de su sistema de pensamiento, en cuya síntesis debe de estar trabajando con rigor estajanovista.
El cardenal Cañizares, que tantos ratos de charleta disfrutó al lado José Bono, otro eminente teólogo, debería echar una mano a Zapatero en esta vasta empresa filosófica que parece haber emprendido. Encuentros como el de esta semana pasada deberían repetirse al menos con carácter mensual, a condición de que un canal temático de TV los retransmita, a poder ser en horario estelar. ¡Pero si hasta traen un aire a Tip y Coll y todo!


twitter.com/PabloMolinaLD

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