sábado, 25 de agosto de 2012

Rato es un personaje encumbrado artificialmente, cuya realidad esconde una historia de fracasos #democraciarealya #marchascongreso #GlobalrEvolution #15M #nolesvotes


Publicado en febrero de 2003, cuando Rodrigo Rato se postulaba como sucesor de José María Aznar al frente del PP y candidato a la presidencia del país, Los Rato, 1795 – 2002 ha cobrado una renovada vigencia en los últimos meses, tras el desembarco del vástago de Ramón Rato en Bankia y su desastrosa gestión. Pero más allá de que los acontecimientos devuelvan a la actualidad a una de las familias más poderosas en España durante el siglo XX y XXI, la obra es un excelente retrato de la idiosincrasia de un país en el que las élites económicas y la esfera política han interactuado con obscena frecuencia.
En MINILEAKS hemos charlado con su autor, Ramón Tijeras quien, tras una dilatada carrera como reportero de investigación en las revista Tiempo y Diario 16 y como redactor jefe del diario El Mundo, ejerce en la actualidad como profesor titular de Periodismo en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid.
¿Recibió presiones para que el libro no viese la luz?
Directamente, no. Pero la editorial recibió muchas presiones para que el libro no saliera o para que se publicase con sordina. Los contactos de Rodrigo Rato con César Alierta, por ejemplo, fueron diversos y estaban orientados a limitar la distribución del libro a través de la empresa Logista, filial de Telefónica y utilizada por Plaza & Janés y otras muchas editoriales para llevar sus libros a las librerías. La editorial también recibió llamadas de Random House Mondadori, matriz de la editorial, para comunicar la preocupación de Rato por la publicación del libro. Como consecuencia de todos estos movimientos, El Corte Inglés, por ejemplo, realizó un pedido limitado y retiró el libro de sus tiendas al poco de publicarse. Después, la cúpula de la editorial fue despedida. El libro prácticamente desapareció de las librerías en pocas semanas.
El periodista, profesor y escritor Ramón Tijeras
¿Eligió a la familia Rato por el perfil público y político de Rodrigo Rato? ¿Es un caso poco habitual en España o hay otros ‘clanes’ similares?
El libro se proyectó un año y medio antes de las elecciones generales de 2004. Entonces estaba en el ambiente la idea de que Rodrigo Rato podría ser el sucesor de Aznar. El género biográfico funcionaba bien y el libro parecía pertinente. Pasado el tiempo, el propio Rato se postuló como candidato a sucesor en el programa radiofónico Hoy por Hoy que entonces dirigía Iñaki Gabilondo. Tras este anuncio de intenciones, la salida del libro se adelantó dos semanas. Anteriormente había publicado algunas notas sueltas en otros libros sobre la figura de Rato con alguna mención a su padre y su relación con Nicolás Franco, hermano del Caudillo, que sugerían la existencia de una historia oculta que podía revelar cómo han funcionado este tipo de sagas desde la España del XIX hasta hoy, en la que se repiten los mismos apellidos alrededor de las grandes familias bancarias y de la industria española. Finalmente, encontramos datos que explican parte de lo que ha ocurrido en los últimos meses, conpersonajes encumbrados artificialmente como Rato, cuya realidad esconde una historia de fracasos empresariales continuados que sin embargo se han premiado con cargos y prebendas que han llevado a la ruina a muchas personas.
¿Cómo describiría brevemente a las tres grandes figuras de la familia: Ramón Rato padre y sus hijos Ramón y Rodrigo Rato?¿De qué manera se han repartido los papeles los dos hermanos durante los últimos 30 años en la familia?
Ramón Rato fue un joven emprendedor que se entusiasmó con el ambiente de la Alemania nazi. Un ambiente que trató de imitar en España tras realizar un viaje iniciático a la Alemania de Hitler y Goebbels, cuyos logros describió en libros de juventud muy reveladores. De hecho, participó en el arranque de Radio Nacional de España en Salamanca y montó la Rueda de Emisoras Rato después de conocer el funcionamiento de la propaganda nazi a través de la radio en Alemania. Sus vínculos con el franquismo le permitieron crecer hasta que presionó al hermano de Franco para que le devolviera un crédito que le había concedido anteriormente. Sin duda, calculó mal y tanto él como su hijo Ramón acabaron en la cárcel al quebrar dos bancos y tras ser acusados de sacar dinero del país sin permiso del Banco de España para montar otros dos bancos en Ginebra y Amberes. Respecto a Rodrigo, hay que resaltar el entorno que conoció de joven en su casa, cuando su padre se reunía con el padre del Rey y su entorno, junto a Manuel Fraga, a quien ayudó económicamente a fundar Alianza Popular, hoy convertida en el Partido Popular que gobierna. Su perfil político lo hereda tal vez de otro miembro de la saga,  Ramón Rato y Rodríguez San Pedro, que llegó a ser alcalde de Madrid. La historia de todos ellos está relacionada con un activismo continuo en la trastienda de la política que ha convertido a la familia en parte de las élites que gobiernan el país y que no se han bajado del burro desde hace 200 años, a base de mantener contactos y lazos familiares. Recordemos que la rama Figaredo de la familia es una de las que a lo largo de dos siglos han estado presentes en los consejos de administración de la industria asturiana.
¿Por qué ninguno de las denuncias de las conexiones entre la gestión política de Rato y sus negocios familiares provocó alguna condena judicial? ¿Error de la legislación española, de los jueces o es que son casos difícilmente probables ante los tribunales?
Hay que tener en cuenta que todo es fruto de una evolución. Cuando en los años ochenta dimos a conocer el caso Juan Guerra, que luego desencadenó una catarata de denuncias sobre corrupción, la legislación española no contemplaba muchas de las figuras delictivas que hoy día están en funcionamiento. De hecho, a Juan Guerra se le condenó por un delito fiscal, como a Al Capone, nada más. Con Rato y los delitos de cuello blanco ocurre algo parecido. Cuando indagamos en el registro de actividades del Congreso, que da cuenta de los intereses particulares que tienen los diputados en sus actividades profesionales, nadie lo consultaba y hasta estaba escondido en las oficinas del Parlamento. Rato, paradójicamente, fue uno de los diputados que en su época declaró tener intereses en dos docenas de empresas. Pero aún tenía intereses en otras cuarenta que no declaró cuando era vicepresidente del Gobierno y ministro de Economía. Hoy este registro se publica en todos los medios y se tiene en cuenta a la hora de nombrar a unos y otros para determinados cargos. Por otra parte, los periodistas no somos policías ni jueces. Podemos investigar cosas y llamar la atención sobre lo que nos parece chocante o cuando se produce un exceso, pero normalmente, si no hay una denuncia de por medio, ningún juez mueve ficha. Ahora hay varias denuncias sobre la mesa. Mi libro sobre los Rato data de 2003. En su día me llamaron del PSOE para montar un equipo que investigase más sobre sus negocios. Sólo una semana después Aznar nombró candidato a Rajoy. No podía exponer a Rato a las espaldas de su familia y un enjambre de empresas con problemas sobrevolando a su alrededor. Con los datos que aparecían en el libro yo no le hubiera dado tampoco la gestión de un banco a Rato, por si acaso. Lo más sorprendente es que después no sólo se le nombró presidente de Cajamadrid y luego de Bankia, para dejarla en las condiciones que ahora sabemos, sino que ahora, en determinados, círculos, suena su nombre para suceder a Montoro.
¿Cuáles son las conexiones entre grupos mediáticos como Intereconomía o Libertad Digital con los Rato?
Cuando me dediqué a promocionar el libro en 2003 visité las instalaciones de Radio Intereconomía, donde me entrevistaron sobre Rato y su familia. La entrevista se estaba desarrollando con normalidad en un programa de actualidad de la mañana hasta que se recibió una llamada, en la pecera del estudio se organizó un revuelo y la entrevista terminó de forma abrupta. Es comprensible, porque varios de los postes que usaba Intereconomía para su difusión pertenecían a la cadena de emisoras Rato. Con Libertad Digital no sé qué contactos pueden tener. No he vuelto sobre el tema.
¿Han sido silenciadas las denuncias que usted realiza en la prensa española? ¿Cuál es la relación de los grandes grupos de comunicación españoles (Prisa, Unión Editorial, etc.) con los Rato?
No sólo han sido silenciadas las mías. Las de otros compañeros, también. Ya no existen equipos de investigación dedicados a  rastrear las relaciones entre política y empresas o grupos bancarios. En general, los grandes grupos de comunicación son presa de los intereses de sus propietarios, que necesitan mantener buenas relaciones con el poder para sacar adelante sus negocios en forma de licencias u otras prebendas. Prisa, por ejemplo, es un grupo que dependía de las decisiones del Gobierno para financiar sus ventas de libros de textos y la construcción de hospitales con créditos FAD en América Latina o países como Vietnam. Su gestión no podía ser independiente de los sucesivos gobiernos. Hoy ha experimentado un cambio muy significativo en la propiedad, manteniendo a Cebrián como cara conocida en España pero con un fondo de inversiones norteamericano como Liberty detrás que condiciona su nueva línea editorial. Prisa y empresas como Radiotrónica, donde estaban los Rato, también tenían negocios comunes que empezaron a conocerse a propósito del caso Gescartera, cuya investigación se interrumpió precipitadamente en el Congreso. Unidad Editorial, editora de El Mundo, por su parte, está controlada por empresas de Berlusconi. Cuando Pedro Jota estaba negociando su contrato con los italianos no dudó en darle caña al empresario, pero cuando firmó su renovación, interrumpió también de forma brusca todo lo que estábamos publicando sobre sus negocios en España. Todos los grandes grupos, tienen sus intereses y controlan muy bien todo lo que se publica y afecta a sus intereses financieros, que hoy están, por cierto, muy amenazados.
¿Cómo se benefició Rodrigo Rato de las privatizaciones de las empresas públicas que impulsó y gestionó su ministerio?
Las decisiones que tomaba Rato eran de carácter sectorial. Y su familia y él mismo se mantenían como accionistas de empresas hidroeléctricas o urbanísticas que se beneficiaron de permisos y operaciones que fueron posibles gracias a la política de engrase que funciona habitualmente en administraciones de su influencia como la Comunidad de Madrid.
¿Qué opina que se transite con tanta facilidad desde las grandes empresas a los órganos del poder ejecutivo?
No me parece mal si se trata de ejecutivos que no tienen mayores intereses en la propiedad de esas empresas. Pueden ser buenos profesionales que pueden ser útiles en la gestión de la Administración. Lo que suele ocurrir es que esos empresarios que se ponen al frente de determinadas empresas, como Francisco González, al que regalaron Argentaria, hoy día acumulan fortunas en forma de participaciones y jubilaciones multimillonarias. González tiene asegurada su salida con cien millones de euros en el bolsillo mientras Goirigolzarri, hoy al frente de Bankia, ya salió del BBVA con otros 70 millones de euros en el bolsillo. No creo que a los gestores de bancos que nos han llevado a una situación de rescate inminente deban cobrar ni siquiera los sueldos que hoy se contemplan una vez aplicados los límites de la nueva legislación mientras no lo justifiquen con resultados y cuando hay gente a la que se suspende el pago de los 400 euros de prestación sin tener ningún otro ingreso.
¿Qué podemos hacer para que no se repita la historia de los Rato?
Leer más y tratar de cambiar el sistema electoral y la legislación, que es inmoral y está aplicada por jueces inmorales como Dívar.
¿Por qué abandonó Rodrigo Rato la presidencia del FMI?
Es un misterio que habría que desvelar. Últimamente parece que le resulta rentable salir corriendo de todos los sitios.
En su paso por Bankia, ¿se ha probado que Rato es un pésimo gestor?
La Audiencia Nacional puede decir algo al respecto en los próximos meses, pero como mínimo parece que ha cometido errores de gestión importantes. Hay varias iniciativas legales que a lo mejor esclarecen algo el entuerto. Rato dijo en el Congreso que dejó Bankia porque se dio cuenta de que su plan no tenía el apoyo de las autoridades. Hasta ahora siempre había tenido la complicidad de esas autoridades, incluso la de Zapatero cuando apoyó su exilio dorado en el FMI. La diferencia, ahora, es que Rato es un competidor directo de Rajoy, con quien se disputó la sucesión de Aznar en 2003 y recientemente todavía maniobraba en el seno del PP ante una posible caída en desgracia de Rajoy.
¿Qué opina de las denuncias actuales contra Rato, iniciadas por colectivos como el 15M?
Me parecen muy saludables, aunque si esperamos un gran espaldarazo de la Justicia, tal y como está, nos equivocaremos, entre otras cosas porque se investigarán y juzgarán cosas fragmentarias y no la moral del sistema en su conjunto, que necesita de reformas legales profundas. Todo avance en la dirección de esclarecer hechos y responsabilidades, sin embargo, será beneficioso para el país, aunque se echan de menos iniciativas más contundentes y concretas, expresadas tal vez en la presentación de una plataforma electoral con un programa concreto para limitar la especulación de los grandes capitales, el despilfarro y la simplificación de las administraciones en España, sin perder de vista que las ayudas que vengan de Europa no deberían ir a tapar los agujeros de los bancos, que tienen sus responsables y sus capitales detrás, sino a los ciudadanos para salvar las condiciones de verdadera usura que han padecido durante los últimos años.
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Los Rato, 1795-2002, de Ramón Tijeras, editorial Plaza & Janés, Madrid 2003.
Tomando como punto de partida de su investigación la indagación histórica, Ramón Tijeras cuenta en las dos primeras partes de su obra los orígenes y la emergencia de Ramón Rato y Figaredo, padre de Rodrigo Rato y entusiasta defensor de los principios del nazismo en su juventud, quien supo sumar a su talento como empresario una red de contactos en el régimen franquista que le facilitó el ascenso al éxito económico. Ello no le libró, no obstante, de la cárcel, después de que una investigación judicial probara el traslado de 81,5 millones de pesetas desde las oficinas de sus bancos en España a Suiza. Como consecuencia de ese proceso Banco Siero y Banco Murciano, fundados y dirigidos por Ramón Rato, entidades en las que el hermano mayor de Rodrigo ocupó un lugar destacado y por cuya gestión también fue encarcelado,  se vieron abocadas a la quiebra y a la intervención del Banco de España. Ya en plena transición, Ramón Rato vuelve con brío al panorama económico tras disfrutar de un indulto que, además de permitir su salida de la cárcel, anuló la elevada multa cuyo pago habría significado el fin de su emporio. Y lo hizo cerca del poder, financiando la fundación de Alianza Popular y afianzando su amistad con Juan de Borbón. Ramón Tijeras realiza la crónica de este periodo con agilidad narrativa, sintetizando lo más relevante de los documentos judiciales del proceso contra Rato.
En la tercera parte de la obra asistimos a la aparición en la escena política española de la figura de Rodrigo Rato, promocionado por los ‘amigos’ de su padre. Mientras el hermano mayor seguía ocupado con los negocios de la familia, de cuya gestión se hizo cargo tras la jubilación del padre, Rodrigo iniciaba una carrera en la que el honor de los Rato  pretendía ser restituido.
Como ministro de Economía Rato es el encargado de impulsar y dirigir la oleada de privatizaciones realizada por el Partido Popular a finales de los años 90, reproduciendo en cada una de ellas el mismo esquema: primero, se situaba al frente de la empresa pública a un hombre de su confianza; después, se privatizaba; finalmente, la empresa ya privatizada quedaba en manos de quienes el propio gobierno había designado como presidentes. La lista de ejemplos es extensa, pero valga como muestra la designación de Francisco González al frente de Argentaria, el banco que tras su privatización se fusionaría con BBV para crear BBVA, cuyo actual director es…Francisco González.
Pero la actuación de Rodrigo Rato como ministro de Economía es más escandalosa si cabe por los posibles tratos de favor que sus empresas familiares recibieron desde los organismos públicos. En 1998, Radiotrónica[1], firma en la que los Rato tienen acciones y que se dedica a las “telecomunicaciones e instalaciones eléctricas en general”, multiplica espectacularmente la cotización de sus acciones como consecuencia de la firma de un suculento contrato con Telefónica. En 1996 se pone en marcha la ‘Operación Chamartín’, impulsada por Fomento, la Comunidad de Madrid y el ayuntamiento de la capital, todos en manos del PP. Su objetivo: ampliar la Castellana por el norte en 3,5 kilómetros, un área de 300 hectáreas en las que se levantarán 10.000 nuevas viviendas. Poco antes Riofisa, empresa en la que está presente el hermano del ministro de Economía, había comprado en la zona 70.000 metros cuadrados de suelo.
En 2001 Gescartera es intervenida; Pilar Valiente, al frente de la CNMV y Giménez Reyna, secretario de Estado de Hacienda, ambos nombrados por Rato, tienen que dimitir por estar relacionados con la presidenta de la sociedad. HSBC, banco que es una pieza clave en el entramado por el que se esfumaron 18.000 millones de pesetas, había concedido un año antes un crédito de tres millones de euros a Muinmo S.L., cuyos accionistas eran Rodrigo Rato, Ramón Rato y María de los Ángeles Rato.

[1] Actualmente, Raiotrónica ha cambiado su nombre por Ezentis, y tiene en su consejo  a Josep Piqué y Luis Solana, hermano de Javier Solana. Su CEO es Manuel García-Durán, procedente del entorno de Juan Villalonga.
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