miércoles, 19 de septiembre de 2012

El Borbón pide a los ciudadanos que se mantengan sumisos y alienados a los privilegios e intereses de los de su clase social


El Rey hace suyo el discurso del gobierno y del gran capital al que sirve y representa en la jefatura del estado, y lanza un mensaje público a todos los ciudadanos para que eviten revueltas o intentos de cambio revolucionarios. Además, lo hace riéndose de todos nosotros hablando de trabajo y mérito.
El régimen está muy preocupado con la situación sociopolítica que se está gestando en el estado español y no duda en utilizar todos los instrumentos a su alcance para tratar de paralizar cualquier tipo de cambio que pueda revertir la actual situación socioeconómica del estado. Ahora, una vez se van dando cuenta de que ni la represión ni la estrategia bipartidista para engañar al pueblo con falsas e irreales dicotomías electorales de "izquierdas y derechas" puede que sean suficiente para contener la respuesta social a la gran estafa perpretada por el capital y que llaman crisis, no ha dudado en recurrir a la figura del Jefe del estado por la gloria de Franco, El Rey Juan Carlos de Borbón, para que lance un mensaje de "unidad" que, de paso, llame al pueblo a no apoyar cualquier proyecto de cambio revolucionario que pueda surgir.
Así, Juan Carlos de Borbón ha llamado este martes a los ciudadanos del estado español a actuar "unidos" contra la crisis, como una forma de salir de la "difícil coyuntura económica, política y social" y ha alertado de que "lo peor" que se puede hacer ahora es "dividir fuerzas, alentar disensiones, perseguir quimeras, ahondar heridas". 
El mensaje del monarca se produce en medio de una tensión social que cada día es más palpable, con el debate sobre las nefastas consecuencias de la crisis para las personas de plena actualidad, gracias a acciones como las del SAT este verano, los diferentes movimientos impulsados a la luz de las luchas contra los recortes sociales, la acción de los partidos de izquierdas o los movimientos ciudadanos del estilo del 15M. Un contexto social que, desde luego, como se puede ver reiteradamente por las muestras de represión y endurecimiento de la persecución mediática, jurídica y policial contra los movimientos sociales y las izquierdas transformadoras que se viene dando, comienza a resultar más que molesto al poder. 
En un intento desesperado del régimen por tratar de contener y paralizar lo que tal vez, ojalá, sea inevitable, Juan Carlos de Borbón ha querido ahora dar un paso al frente y salir en defensa de los intereses políticos y económicos de los de su clase social, la de los privilegiados que no sufren las consecuencias de la crisis sino que siguen acumulando cada vez más riqueza y poder gracias a ella, mientras el pueblo se hunde en la desesperación, el hambre, el desempleo y la exclusión social generalizada.
Eso sí, Juan Carlos lo ha hecho cuidándose mucho de que su discurso parezca un llamamiento a la "unidad" y no una simple y vulgar estrategia de clase para tratar de poner freno a cualquier tipo de cambio revolucionario. Así, el heredero de Franco comienza su misiva tratando de fundir su mensaje con el de esa parte de la sociedad, la inmensamente mayoritaria, que sufre y padece la crisis: "No soy el primero y con seguridad no seré el último entre los españoles que piensa que en la difícil coyuntura económica, política y también social que atravesamos es imprescindible que interioricemos dos cosas fundamentales. La primera es que solo superaremos  las dificultades actuales actuando unidos, caminando juntos, aunando nuestras voces, remando a la vez (...)  La segunda es que, desde la unión y la concordia, hemos de recuperar y reforzar los valores que han destacado en las mejores etapas de nuestra compleja historia y que brillaron en particular en nuestra Transición Democrática: el trabajo, el esfuerzo, el mérito, la generosidad, el diálogo, el imperativo ético, el sacrificio de los intereses particulares en aras del interés general, la renuncia a la verdad en exclusiva".
Resulta cuando menos curioso que hable así quien ocupa un puesto vitalicio al que ha llegado por designación directa de un dictador, y en el que, desde luego, no ha sido el trabajo, el esfuerzo y el mérito lo que lo ha distinguido, ni en la forma por la que llegó hasta dicho puesto, ni en el desarrollo de su labor en el mismo. Pero, más allá de eso, resulta altamente sospechoso que el monarca pretenda retomar la transición española como modelo histórico a seguir para salir de la situación en la que la sociedad española se encuentra en la actualidad. Una transición en la que, como se está pudiendo comprobar ahora con toda claridad, cambiaron algunas cosas para que, en la práctica, nada cambiara. Una transición mediante la cual los poderes políticos, económicos y mediáticos del franquismo consiguieron insertarse en el nuevo estado monárquico sin que ello les supusiera ni la más mínima pérdida de poder e influencia en la vida política y económica del estado. Una transición donde se aseguró la impunidad de los criminales franquistas mientras miles y miles de personas seguían enterradas en las cunetas de todo el estado español. Una transición, en definitiva, que nos ha llevado a donde hoy estamos.
Decimos que resulta sospechoso que Juan Carlos de Borbón apele a dicha etapa histórica para proponer un proyecto de futuro, puesto que tal hecho se produce justamente ahora que cada vez son más las voces que se alzan contra aquella farsa democrática que llamaron transición y que no son pocos los proyectos que apuestan por una superación completa de la misma y una apertura de un nuevo proceso constituyente donde verdaderamente sea el pueblo, y no los militares ni los políticos franquistas, quienes ejerzan de conductores del proceso. El Rey, con ello, parece no buscar otra cosa que seguir mantiendo el actual modelo de estado, sin cambio alguno, con sus mismos poderes políticos y económicos intactos, pase lo que pase en las próximas fechas. Trata de guardar su puesto de "trabajo", pero, sobre todo, trata de salvaguardar sus privilegios y los privilegios de la casta capitalista, parasitaria y ladrona, estafadora y vampírica, a la que representa. 
Y para muestra un botón. Dice su "majestad" en su carta que "en estas circunstancias, lo peor que podemos hacer es dividir fuerzas, alentar disensiones, perseguir quimeras, ahondar heridas. No son estos tiempos buenos para escudriñar en las esencias ni para debatir si son galgos o podencos quienes amenazan nuestro modelo de convivencia".
¿Acaso le molesta al señor Borbón que buena parte de la sociedad haya comenzado a señalar a los culpables de la crisis, y haya puesto su punto de mira en banqueros, políticos corruptos al servicio del capital, grandes empresarios sin escrúpulos que se han enriquecido a costa de privatizar y amenazar derechos básicos de la ciudadanía como son el derecho a una vivienda, a una alimentación digna o lo más básicos accesos a la educación y la sanidad pública y de calidad?, ¿acaso con esa frase, tan propia de los de su casta parasitaria, nos está diciendo que no podemos señalar a estas sanguijuelas, que se alimentan del dolor y el sufrimiento humano, como los culpables que "amenazan nuestro modelo de convivencia"?, ¿no son ellos acaso los responsables de romper el contrato social que aquella transición instauró y que ahora se está viendo roto de cabo a rabo por la parte, precisamente, social? Parece que sí, que nos quiere decir eso.
El Borbón, con esta carta, quiere protegerse él y proteger a los que le han ayudado a hacerse rico, a esos mismos con los que comparte reuniones, banquetes, palcos en estadios deportivos y eventos sociales, pero el pueblo ya se está empezando a hartar de todos ellos. Lo va a tener complicado.
La única unión y concordia que el pueblo necesita es aquella que garantice igualdad de oportunidades y justicia social para todo el mundo. Aquella donde no haya una persona que nazca con privilegios, mientras la inmensa mayoría de la población es arrojada a la eterna incertidumbre de no saber si mañana sus hijos van a poder comer, encontrar un trabajo, tener sanidad y educación garantizada o incluso un entierro digno el día que se mueran. Mientras eso no pase, ya puede el Rey llamar al "sacrificio de los intereses particulares en aras del interés general", que no será otra cosa que llamar, como estamos viendo, a que el global de la población, la mayoritaria clase trabajadora, se sacrifique, incluso si es necesario con su propia vida, para que un puñado de privilegiados se sigan dando la vida padre en sus mansiones de los barrios ricos de nuestras ciudades, sus chalets en las más lujosas urbanizaciones, sus yates en los más distinguidos puertos y sus viajes de alto standing por el mundo.
Pero ese sacrificio no será eterno. Igual algún día seremos nosotros, los trabajadores y trabajadoras de este estado, quienes llamemos a "sacrificar los intereses particulares en aras del interés general". Esto es, a obligar a Juan Carlos de Borbón y a todos los de su clase a que entreguen todo su patrimonio, sus empresas, sus tierras y demás recursos económicos que hoy están al servicio de su interés particular para que puedan ser explotados por el pueblo y puestos al servicio de tal interés general. Es decir, del interés del pueblo trabajador y no de una casta parasitaria, explotadora, estafadora y ladrona como ahora pasa.

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