jueves, 6 de septiembre de 2012

Proceso contra el pueblo #democraciarealya #marchascongreso #GlobalrEvolution #15M #nolesvotes


El pueblo ha sido juzgado y condenado por el Poder dominante y sus jueces. Su delito: ser débil. Su pena: perder sus derechos y sus bienes.
               
        La escalada de desmanes   que desató el desfalco bancario a gran escala y condujo a esta crisis sin precedente era un proceso calculado al milímetro para acabar                         con el poder de los movimientos sociales y de los parlamentos tradicionales. Para ello cuentan con el silencio de los corderos, de la mayoría.
Aunque hace años que vemos la escalada del capitalismo globalizado, con las huelgas de Grecia y luego la del 29 de Septiembre en España coincidiendo con las protestas a nivel europeo en Bruselas, hemos podido constatar  varios elementos altamente lesivos para los ciudadanos: la debilidad de los movimientos sociales de contestación, el insuficiente eco de repulsa contra el capitalismo en el conjunto de  la población afectada, y el autoritarismo de los gobiernos que se llaman democráticos pero que se enfrentan directamente contra sus pueblos y por tanto contra la democracia.
Habrá que seguir  profundizando en lo que está suponiendo esta nueva vuelta de tuerca del capitalismo, que se ha convertido en un verdadero movimiento antisistema contra su propio orden  del capitalismo burgués tradicional aplicado a la producción en lugar de hacerlo en la especulación,  sino que arremete sin cesar contra todas las leyes naturales humanas y espirituales, y contra toda idea de justicia, libertad, igualdad y hermandad, que son el verdadero sistema de la vida cósmica y social. Nunca como hoy  se había atrevido a llegar tan lejos en su agresividad y en su falta de conciencia más elemental. Por un lado porque la burguesía clásica tenía aún la doble moral. En cambio  sus sucesores son directamente inmorales. Y la otra razón era que tenían ante sí movimientos obreros organizados y países con ideologías opuestas que ponían límites hasta que vimos caer el muro de Berlín. Y a partir de ahí ya sabemos lo que ha ido sucediendo bajo el efecto dominó.
 Debido  al aborregamiento de las masas y a  la ausencia de criterios unitarios y unidad de acción  de las organizaciones políticas y sindicales  estamos, pues,  casi indefensos socialmente ante esta  arremetida de los poderes más tenebrosos  de la Historia cuyo objetivo es la destrucción de todo lo que conduzca al orden verdadero, al bien verdadero y a la justicia. Por tanto, estos son los auténticos antisistema, porque van contra el sistema que todo lo mantiene: la vida de la gente y la del Planeta. Eso es ser antisistema  y no los que ellos dicen, o sea, nosotros, los partidarios del verdadero orden mundial, de estar al lado de nuestros semejantes, y de todo lo que ellos reniegan punto por punto, y por ello han dado este golpe incluso al Sistema que ellos mismos crearon para golpear más fuerte a quienes les mantenemos y queriéndonos hacer sentir culpables diciendo que vivimos por encima de nuestras posibilidades..
EL GOLPE
Dar un golpe tiene dos significados públicos  sobresalientes: robar o violentar a alguien. El neoliberalismo es maestro en ambos. Si definimos el rescate a los bancos como un robo al pueblo, estamos acertados, sí, pero eso no puede sostenerse en una democracia, por lo tanto se acaba con ella y en paz. ¿Cómo? ¡Con un golpe de estado!... Si definimos un golpe de estado como un acto de agresión contra el orden anterior y cuyo objetivo es suplantarlo o modificarlo sustancialmente, tenemos que reconocer que el capitalismo neoliberal ha dado un golpe de estado al capitalismo burgués tradicional, y con él arrastra al Parlamento, y al llamado “Estado de Derecho”, convertido ahora en un “Estado de los Mercaderes Financieros y Multinacionales”, una especie de casino donde la banca no se conforma con ganar, sino que dicta las normas del juego para no perder nunca. Y lo grave para los demás es que nos atracan a diario. No sólo con medidas económicas que nos asfixian y contribuyen a reforzar sus juegos de hampones, sino robándonos derechos sociales y políticos adquiridos tras largos lustros de luchas sociales, con mucha sangre y mucho dolor y prisiones. La reacción inmediata es manifestarse a gritos y  con pancartas porque se piensa que el   nuevo capitalismo no es sordo del todo, ni ciego, y por eso se le grita y se le sacan pancartas, pero sus dirigentes no se inmutan por más protestas nuestras y huelgas generales que reciban sus indeseables conductas, porque efectivamente son sordiciegos.
¿CALLAR Y PAGAR, O HAY MEJORES IDEAS?
El capitalismo neoliberal ha decretado la guerra permanente contra el pueblo y se dedica con ardor de soldadesca ebria a desbaratar el estado del bienestar cogido con pinzas y para una minoría mundial; a prolongar jornadas laborales, alargar la edad de jubilación, favorecer el despido, hacer la vista gorda ante los problemas que todas estas medidas generan y guerrear en todos los países del Planeta donde haya algo que robar. Todo para seguir jugando al Monopoly combinado con el Risk sobre el tapete verde planetario. Todo vale contra NOSOTROS: el Parlamento convertido en prostíbulo ideológico y en pesebre de inútiles autoindulgentes que hacen de crupieres en el juego; la degradación cultural y acrítica conducente al silencio de los corderos; la educación para que generaciones ignoren la existencia de su capacidad crítica y de pensar por sí mismos para dejarse ser pensados por jefes. Y todos los medios de información a trabajando en equipo  para que todo esto vaya arraigando como un hecho normal, sin aspavientos, sin levantar la voz más allá de un lenguaje de límites acordados donde las palabras fuertes de la protesta se ahoguen con eufemismos, paños calientes y pocas imágenes aclaratorias. El caso es que la calle, calle. Calle y otorgue. Otorgue y acepte este nuevo orden mundial de dictadura progresiva que sólo conduce a estados policiacos cada vez más evidentes. Esto es lo que pretende el capitalismo neoliberal, y esto es lo que debemos denunciar una y otra vez para que todo el mundo tome conciencia de hacia dónde es conducido y reflexione si es este el mundo que queremos para nuestros hijos o aspiramos a una nueva conciencia para poder superar este decrépito mundo que nos quieren imponer. Porque es en la conciencia, y no en las armas, donde está la fuerza del pueblo, si es que el pueblo quiere eso: dejar de ser masa, tener conciencia crítica y mostrar una  determinación Y UNIDAD que hasta ahora no vemos más que parcialmente en minorías sectoriales.

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