domingo, 23 de septiembre de 2012

Trabajo asalariado: el "yugo-salvavidas" que hunde a la persona y mantiene a flote al esclavo estatal #democraciarealya #25Smarchascongreso #GlobalrEvolution #15M #nolesvotes


20 SEPTIEMBRE 2012
by Freeman

Salvemos primeramente a los seres humanos y así será más factible salvar a otras especies

Freeman, Liberación AHORA | Muy pocas personas -incluso en los sectores más críticos y lúcidos de la sociedad- cuestionan la existencia e imposición socioeconómica y política del trabajo asalariado, sino que practicamente lo asumen con naturalidad, como una parte inherente y axiomática de nuestra civilización, sin ser conscientes de que esta dinámica -en verdad degradante, deshumanizadora y profundamente esclavizadora- constituye uno de los principales mecanismos de dominación, explotación y chantaje encubierto hacia la sociedad, por parte de la poderosa minoría oligárquica -la élite global corporativa- que dirige los estados, sus instituciones y sus marionetas políticas.
Así, se protesta y se hace denuncia de muchas otras cuestiones que (como en el caso de las corridas de toros, ver artículo bajo estas líneas), si bien es justo y legítimo denunciarlas, en realidad se sitúan en la parte alta -las ramas- del árbol del Sistema o Establishment, mientras que hechos más graves, básicos y decisivos respecto a la esclavitud de los seres humanos -como el trabajo asalariado- se hallan entre las mismas raíces y fundamentos de tal sistema, con su despiadada e inhumana lógica de “si no tienes sueldo, no tienes dinero, y si no tienes dinero, no tienes acceso a alimentación, vestido, vivienda, atención médica, etc”.
Poco margen de maniobra queda entonces para solventar realmente cuestiones menos prioritarias, cuando la esclavitud y miseria -física y moral- de millones de personas (ya en occidente) es un manifiesto y trágico yugo impuesto a la Humanidad, de una envergadura y condicionamiento tales, que impide de por sí la ineludible y efectiva transformación de la sociedad, por causa de los propios grilletes y cadenas -personales y colectivas- que el Sistema mantiene sobre las masas dependientes, sumisas y desempoderadas, que asumen y consienten su condición esclava bajo el peso del estado, sus instituciones y sus leyes.
Dicha estructura opresiva y alienante -destructora de los atributos sustantivos del ser humano- se halla dispuesta toda ella al servicio de la minoría de poderosos que dicta e impone -de hecho y de derecho- lo que se puede o no se puede hacer, decir o pensar; y que determina por decreto quiénes viven o quiénes han de morir… o morir en vida en cuanto seres humanos íntegros y dignos,sobreviviendo no obstante como esclavos estatales -más o menos resignados, maniatados, frustrados o insatisfechos-, a través del trabajo asalariado.
Se llega entonces a extremos de degradación por los cuales la persona se vende, entregando su fuerza de trabajo (o su propio cuerpo incluso) al mejor postor -o a lo que haya-, despojándose a sí misma de toda mínima ética y humanidad para hacer lo que sea con tal de mantener su empleo o trabajo remunerado (ya sea público o privado), convirtiéndose fácilmente muchas veces en ejecutora (cuando no partícipe, cómplice, encubridora o colaboradora necesaria) de las más viles prácticas, órdenes, instrucciones o directivas oficiales, haciendo el trabajo sucio para el estado, a cambio de un sueldo o salario, que muy a menudo alcanza apenas para cubrir el coste de sus más básicas necesidades de manutención y cobijo.
Empero, en nuestras manos está, como individuos y sociedad, tomar conciencia de todo ello y comenzar a movernos activamente -desde dentro hacia fuera- para cambiar la lógica insensata e inhumana del binomio trabajo-dinero, y sustituirla gradualmente por aquella más natural, armónica y saludable del servicio desinteresado y la ayuda mutua, como se hace en una familia unida y amorosa, y como ya se está haciendo a nivel colectivo, en forma embrionaria, mediante la puesta en marcha de iniciativas autogestionadas, cooperativistas y asamblearias.
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Porque la familia no acaba en el apellido o el parentesco más o menos cercano, sino que se extiende -por naturaleza- en una dimensión mayor, a todos los miembros de una misma especie; en este caso, la humana. Comprender esto -el íntimo e intrínseco vínculointerrelación y conexión entre todos los seres que integran una especie- es algo básico, de sentido común; y muestra una conciencia y una mente saludables. Ignorarlo, despreciarlo o, más aún, negarlo, es -por el contrario- palmaria evidencia de insensatez y brutalidad, como reflejo de una profunda enfermedad mental y anímica.
Pero ni mil millones de alienados y adoctrinados del sistema nos convencerán al resto para que desistamos de comenzar a construir y desarrollar la sociedad más armónica y humana que sentimos en nuestros corazones y diseñamos en nuestras mentes, en sintonía y coordinación con nuestros afines, plasmándola en proyectos e iniciativas que ya hoy son una realidad creciente en número, calidad, influencia e impacto.
Queda mucho, mucho camino, es cierto; pero lo más importante es -cada cual según sus posibilidades- dar pasos en esa dirección que, en conciencia y por consciencia, hemos elegido. Y ojalá la difusion y el eco de esta labor transformadora pueda alcanzar a muchísimas personas más, permitiéndolas realmente comparar, discernir y decidir.
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TODOS PICAN URTANGA MARIANO Y LA FABRICA DE CHUCHES BUENISIMO PP GAVIOTAS

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